«La globalización es mala en sí; destruye la diversidad»

I.L.H.
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Natural de Girona, de 1953, Eudald Carbonell es arqueólogo, catedrático de Prehistoria de la Universidad Rovira i Virgili, investigador del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y codirector del Proyecto Atapuerca

Eudald Carbonell, codirector del Proyecto Atapuerca. - Foto: Jesús J. Matí­as

Si el mundo sigue creciendo exponencialmente como hasta ahora se colapsará. Así lo creen Eudald Carbonell, codirector del Equipo de Investigación de Atapuerca, y el investigador Jorgi Agustí, autores del libro Materia viviente, vida pensante (Ediciones Lectio). Entre los retos de futuro como especie están el de planetizar el mundo en lugar de globalizarlo y sobre todo educar en una conciencia crítica que respete a la propia especie. No son, en cualquier caso, tareas sencillas dada la inercia en la que vivimos y los propósitos de crecimiento que suponemos imprescindibles. Pero cualquier cambio pasa por pensarlo y proponerlo. Carbonell explica aquí sus propuestas, que pasan por «parar la globalización, mantener la diversidad del planeta, empezar con una planificación bien hecha, distribuir los recursos y hacer una educación ecosocial y de especie». De lo contrario, asegura, «pasaremos por situaciones realmente difíciles».

¿Cómo se para la globalización?
Hay que abortar. Se puede arreglar, revisar y reiniciar. La globalización está mal planteada. La planetización, que es nuestra propuesta alternativa, es a toda costa evitar la uniformización. La globalización es mala en sí porque destruye la diversidad. Por eso hay que abortarla, porque estamos destruyendo la diversidad biológica, cultural, social... 

¿Hay que cambiar el enfoque?
 Hay que cambiar el concepto. Hasta ahora significa uniformidad y destrucción. Planetizar es socializar el mantenimiento y el pensamiento en la tierra, y no como ahora que actuamos como una jerarquía de rebaño. Hay una minoría de clases extractivas que utilizan los procesos globales para forrarse destruyendo todo lo que se pone a tiro, educando además para que la gente consuma. No hay una educación de conciencia de especie crítica.

¿Podemos encontrar un lado positivo a la pandemia para su propuesta? Por aquello de verificar que se puede vivir con menos consumo o que no es imprescindible el crecimiento continuo. Como reflexión al menos. 
Sí, es probable. Esta reflexión es lo que llamamos ‘vida pensante’ en el libro. Nuestra vida lo que tiene de singular es que pensamos. Si no pensáramos estas cosas no tendrían impacto y lo de menos es qué nos mueve a hacerlo. Aunque pensar no significa nada si no lo haces en la dirección adecuada. Otra cosa fundamental es eliminar a los líderes. No los necesitamos. Necesitamos organizarnos y para eso basta con coordinadores. Hablamos de una especie inteligente no de una especie de rebaño. Hay que cambiar la mentalidad.

Sin embargo usted es un líder en lo suyo. Lidera el proyecto Atapuerca junto a Arsuaga y Bermúdez de Castro. Son más que coordinadores.
Yo no pretendo ser un líder, aunque haya quien así me considere. A mí me gusta hablar de equipo. Hablamos de cambiar la mentalidad educando en un pensamiento crítico. Crítico, de todas formas, no quiere decir que no obedezcas; a veces hay que hacerlo. Crítico es que te plantees las cosas. A mí me dicen que vaya con mascarilla y aunque no me gusta que me manden, me obliguen o me coarten la libertad, la llevo porque sé por qué se está haciendo. A veces no hay otra manera de actuar colectivamente.

En el libro hablan de delimitar qué es la humanidad. Explíqueme a qué se refiere.
La complejidad no se puede gestionar, pero los objetivos se pueden procesar. Es decir, ¿cuántos queremos ser en el mundo?, ¿interesa un Burgos de un millón de habitantes?, si es así, ¿cómo abordas el entorno? Y eso lo han de decidir las personas. Hay que tener objetivos y lógica evolutiva.

¿Somos muchos en el planeta?
Si se gestiona, no; el problema es cómo se gestiona.

¿Somos muchos con la gestión actual?
Por supuesto. 

¿Habría que establecer un límite?
Hay factores limitantes. Malthus hizo un buen trabajo, pero no calculó el desarrollo tecnológico, aunque por otro lado el desarrollo tecnológico está destruyendo la capacidad de reproducirnos. El crecimiento se ha hecho con tecnología y biotecnología. Nuestro mundo así no es sostenible. Pero si se planifica, sí. Esto es lo que decimos en Vida pensante. 

¿Quién se encargaría de tomar esas decisiones?
Volvemos a lo mismo. Tenemos que partir de una educación de base que tenga valores como conciencia crítica de especie. Son cambios muy profundos. Hablamos de humanizar.

¿Está ahí la diferencia entre homonización y humanización?
Homonización es el proceso biológico (andamos de pie, tamaño del cerebro, etc.); la humanización son todas las conductas técnicas, tecnológicas y culturales que nos diferencia de los animales: conciencia, pensamiento...

Explíquenos el término ‘transhumanización’ y si ya hemos llegado a esa circunstancia.
El transhumano es un humano automodificado conscientemente, genética o tecnológicamente. Ylos poshumanos son las sociedades que se socializarán a partir de una especie mejorada. Dentro de 100 años habrá humanos como nosotros, otros que serán modificados genéticamente y humanos editados genéticamente. Todo esto no es malo ni bueno si se hace desde la perspectiva científica, social y de construcción humana. 

¿Cómo iniciamos los cambios que propone desde nuestra individualidad?
Partiendo de ahí: hay que educar a las personas en la individualidad, no en ser individualista. No hay que enseñar a la gente a competir, sino a ser competente. Debemos funcionar como especie y solo la conciencia crítica nos dará una nueva perspectiva. Estamos en una crisis sistémica: el capitalismo se está muriendo porque ya no soluciona los problemas que genera. El mundo cambia, pero debería hacerlo por voluntad nuestra.