Saber de dónde vienes, descubrir hacia dónde ir

A.S.R
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José Antonio López Hidalgo reivindica el determinante papel de Burgos y, concretamente, del llamado ejército del norte en el Movimiento Comunero a través de la historia de Angélico, un personaje de ficción que combina con otros históricos

Portada del libro sobre este capítulo de Castilla.

Desde que nace en 1492 y vive su infancia en Las Merindades, con su madre y sus abuelos maternos, judíos conversos, hasta 1521, año en el que se ve obligado a huir de su tierra perseguido por el emperador Carlos I tras levantarse contra su política, Comunero. La rebelión de las comunidades, la nueva novela de José Antonio López Hidalgo, relata las claves del Movimiento Comunero siguiendo los pasos de Angélico, un personaje de ficción que abrazará la revuelta ilusionado por el horizonte de cambio y padecerá la represión de los vencedores tras la derrota en Villalar, de la que ahora se cumplen 500 años. 

Su propósito es encender los focos sobre el determinante papel de Burgos y, más concretamente, lo acaecido en el norte de la provincia. «Está completamente olvidado. El relato normalmente se centra en Padilla, Bravo y Maldonado en torno a Valladolid y María Pacheco en Toledo. El tema de Burgos está poco tocado y fue muy importante tanto para lo que ocurrió como para la derrota de los comuneros», lamenta López Hidalgo, residente en el Valle de Mena, autor de varios ensayos (En el lugar de la desolación, Entre el Ebro y el Rudrón) y un puñado de novelas y con varios premios literarios en su haber. 

El famoso poema de Los Comuneros, de Luis López Álvarez, musicado por el Mester, donde Burgos apenas protagoniza unos versos, despertó hace tiempo su curiosidad por esta revuelta que ahora, en el marco de su Quinto Centenario, pone negro sobre blanco. 

Lo hace de una manera amena, con las licencias que permite la literatura de ficción, pero sin desviarse de la realidad histórica, asentada en la consulta de libros de referencia como Los comuneros, deJoseph Pérez, o Arquitectura civil del siglo XVI en Burgos, de Alberto Ibáñez, ideal para reflejar aquella sociedad, crónicas de la época o documentos de la Chancillería de Valladolid, de los que indirectamente se puede colegir algo de los sucedido porque, observa el autor, los escritos de los vencidos se destruyeron y apenas quedan. 

Procedente de Las Merindades, Angélico llegará con su familia a la capital burgalesa, donde su padre es platero en la Catedral. El niño crecerá en una sociedad con grandes contrastes entre los ricos mercaderes de la lana y los pobres del arrabal de San Esteban, se sensibilizará con estas desigualdades y luchará contra ellas convirtiéndose en epicentro de la agitación en su imprenta clandestina. Abrazará al levantamiento comunero y se enrolará en el ejército del norte, el que se forma en el sur de Cantabria y el País Vasco y Las Merindades. 

López Hidalgo eleva la relevancia de estas tropas, capitaneadas por el Conde de Salvatierra, hasta el punto de otorgarles la llave de la derrota de Villalar. «Muchos historiadores se preguntan por qué Padilla, Bravo y Maldonado deciden irse hacia Toro cuando son interceptados por el ejército imperial en Villalar y el motivo es que cuatro días antes, cerca de Vitoria, había habido una batalla entre comuneros e imperiales que perdieron los primeros. La noticia llega a Padilla, que está en Torrelobatón, se pone nervioso y se van de allí porque no se siente seguro», anota el autor al tiempo que señala que la intención de los comuneros con esa ofensiva por el norte era hacer una tenaza con los del sur al ejército de Carlos I, que, finalmente, sufrieron ellos tras la derrota en la batalla del puente de Durana (Álava), el 19 de abril de 1521. Ya se dejaron escapar la victoria antes, observa López Hidalgo, cuando, una mala estrategia militar, los hizo quedarse en Oña al ir a tomar la capital burgalesa. 

«Si se hubiera tomado en su momento la ciudad de Burgos, la rebelión comunera hubiera triunfado. En Burgos está la clave de la derrota y el triunfo que pudo ser del ejército comunero», abunda y trae a colación unas palabras del condestable de Castilla, Íñigo Fernández de Velasco, también señor de Las Merindades, que figuran en las crónicas de la época, en las que afirmaba tener más miedo de la rebelión de Burgos al mar que de la de Burgos a Toledo. «Sabía bien lo que estaba pasando, que ahí se estaba formando algo muy peligroso, y lo pudo desactivar», remacha el autor desde el Valle de Mena. 

Estas peripecias afloran en la novela al paso de Angélico, que se cruzará con personajes históricos, muchos desconocidos, para pesar del escritor, como el licenciado Urrez, hombre de posibles, idealista y responsable del alzamiento al sur de Cantabria, único burgalés entre los más de 200 comuneros ajusticiados por el emperador Carlos. 

«El movimiento comunero fue una de las rebeliones más importantes y de las primeras de Europa en pedir una justicia que no existía y que hoy seguimos reivindicando. A partir de la derrota comunera, Castilla se viene abajo», concluye López Hidalgo, que considera esencial dar a conocer esta historia para que, como insta a Angélico otro de los personajes en las primeras páginas de la novela en relación a un tercero, ‘es hora de que sepa de dónde viene para que descubra hacia dónde quiere ir’.