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La vida de colores

ALMUDENA SANZ
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Amaya M. Vicario debuta con 'El mundo a rayas', un libro con 16 relatos que tocan temas de actualidad como la inmigración, el acoso laboral o la violencia machista e instan a mirar la realidad sin polarizaciones

Amaya M. Vicario sujeta con sus manos un sueño cumplido. - Foto: Valdivielso

Inconstante confesa, Amaya Muñoz Vicario necesitó lanzarse su propio desafío para empezar a preparar su primer libro. Hace casi tres años, su pareja, que sabe de su afición por escribir, le habló de la convocatoria de tres concursos de microrrelatos en la ciudad. Y ella se prometió que si en alguno resultaba seleccionada se daría el capricho de inscribirse en un curso de escritura creativa online. Quedó segunda en el del Conservatorio de Música. Una vez que arrancó ya no pudo parar. Enlazó un taller con otro, cada vez con el listón más alto, hasta llegar a uno titulado Prepara tu libro de relatos. «Siempre había soñado con escribir mi propio libro y verlo en el papel». Tenía un buen puñado de cuentos en el cajón. Solo necesitaba dar con un hilo que los cosiera. Releyó, trabajó, rebuscó... y encontró esa cuerda, que trenzó y dio lugar a El mundo a rayas (Libros Indie), que presenta este jueves (19 h.) en la Biblioteca Pública (San Juan), con el periodista Julio César Rico.

Una cita, ‘Si los buenos fueran negros y los malos fueran blancos, yo sería a rayas’, de su profesora de 5º de EGB, María Josefa Platón, es el paraguas que cobija estos 16 relatos cortos con los que Amaya M. Vicario cumple su sueño. Son pinceladas que huyen del blanco y negro, e incluso del gris, para asomarse a la realidad como si lo hiciera desde un caleidoscopio, con todas sus aristas, sus tonos y sus perspectivas. 

«Quiere ser una llamada de atención a no polarizar, somos de colores, todos los hechos tienen un montón de caras, son poliédricos, igual que las personas. Busco despertar el espíritu crítico y dejar los radicalismos para intentar entender al otro. No podemos quedarnos solo con lo que nos muestran, sino ir más allá, y no juzgar a las personas a la ligera», expresa la autora sobre este puñado de cuentos en los que ahonda en temas de actualidad que le interesan, como la inmigración, el acoso laboral, el universo LGTBI, la violencia machista..., con los que procura brindar una visión insólita. 

Advierte que sí busca provocar la reflexión, pero, remarca, en ningún caso aleccionar. «Son historias con finales abiertos, donde intento no juzgar a nadie para que el lector saque sus propias conclusiones», insiste al tiempo que reconoce su querencia por el experimento y picoteo en distintos géneros sin mirar a los lados: romántico, terror, humor, drama, policiaca... 

Se arranca todas las etiquetas como escritora y también como lectora. Sus referencias son dispares. De Stephen King a El Principito pasando por Matilde Asensi, Agatha Christie, Marian Keyes... 

A esta arquitecta técnica de profesión, le gustaría decir que es disciplinada y se sienta todos los días a la mesa de trabajo. Mentiría. Necesita el que llaman estrés positivo, que algo o alguien la obligue a enfrentarse al folio en blanco y, como pide al lector, nunca se queda con la primera idea. 

Ese brujuleo por los vericuetos de la escritura le ha llevado hasta esta primera obra individual, publicada casi a la vez que otra coral, Amor, humor y otros crímenes, con otros 18 creadores, que se conocieron en los retos literarios que se desarrollan en Instagram. 

Los cursos de escritura creativa fueron su trampolín para acariciar su primer libro de relatos y lo serán para el segundo, al alimón con una compañera en estas fatigas, y su estreno en la novela, en la que aunará terror y superación personal, que perfila en uno que sigue a costa de madrugar los sábados. Un esfuerzo que da por bueno. 

«Sería otro sueño cumplido, aunque, cuando consigues lo que deseas, dices ‘no era para tanto’. Pero es cierto que sí miras el camino, ves que has sido capaz de sortear dificultades, inseguridades, bloqueos...», suelta con una risotada, aunque se podría poner a bailar. Porque el ritmo vive en El mundo a rayas. Cada uno de los relatos se presenta con la cita de una canción y un código QR que lleva al vídeo musical, porque, como decía Celia Cruz, hay que reír, no hay que llorar, que la vida es un carnaval...